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Los cuatro fundamentos del mindfulness: ‘Mindfulness de los fenómenos de la experiencia’

El cuarto y último fundamento de los cuatro fundamentos del mindfulness es el ‘mindfulness de los fenómenos de la experiencia’ Este último fundamento contiene instrucciones y consejos prácticos para ayudarnos a superar las cosas que nos impiden progresar en nuestra meditación.

  1. Los cinco obstáculos

Cuando practicamos la meditación mindfulness, no tardamos en descubrir que no siempre resulta fácil concentrarnos. Las distracciones siempre encuentran el modo de apartarnos del camino. Las más poderosas de estas distracciones, que reciben el nombre de obstáculos, interfieren en nuestra capacidad de concentración tanto durante la meditación como en nuestra vida cotidiana.

El mindfulness nos ayuda a conocer cinco cosas importantes acerca de los obstáculos: cuándo están presentes, cuándo están ausentes, cómo se manifiestan, qué hacer para que desaparezcan y cómo evitar que retornen.

A continuación la lista de los cinco obstáculos:

  • Deseo/Anhelo

Deseo del placer físico que proporcionan los sentidos. El primer paso para superar el obstáculo del deseo es reconocer su presencia. Utilizamos la atención plena para entender su origen e ir más allá de él. Cuando el deseo se desvanece, nos damos cuenta de que ha desaparecido.

  • Aversión/Rechazo

El método para rechazar la aversión y el rechazo es el mismo utilizado para el deseo. Debemos de tener en cuenta que cualquier tipo de aversión surge a partir del deseo de alejarnos físicamente de algo que nos causa incomodidad o dolor. También tenemos que recordar que la aversión, el rechazo y sus causas son transitorios.  El método más poderoso para deshacerse de la ira es cultivar la mente del amor-amistad mediante la práctica de la meditación de la bondad y compasión. No importa lo que alguien haya hecho para enfadarnos, siempre podemos encontrar una razón para sentir compasión hacia él.

  • Pereza/Indolencia

La pereza mental es un gran obstáculo para la concentración. La mente se torna lenta y turbia. Todo aquello en lo que intentamos enfocarnos nos parece difuso y lejano. No tenemos ni idea de lo que ocurre a nuestro alrededor ni en nuestro interior. Este estado de opacidad está muy cerca a de la ignorancia. Cuando meditamos, la respiración, la mente y el cuerpo se relajan tanto que es fácil caer en la somnolencia o el embotamiento. La alegría de la concentración profunda no nace de la pereza. No debemos confundir la sensación placentera de relajación física o mental con el logro de estados meditativos elevados. La visión profunda requiere energía, vigor y agudeza. Cuando reconocemos que estamos bajo la influencia de la pereza, le prestamos atención y la observamos hasta que desaparezca.

  • Inquietud/Preocupación

Al igual que sucede con el resto de obstáculos, el primer paso es simplemente tomar conciencia de que nos sentimos inquietos o preocupados. Reconocemos que este estado imposibilita que nos concentremos, y emprendemos algún tipo de acción para superarlo. El mejor remedio es meditar en la respiración. Cuando nos enfocamos en la respiración, esta se calma de manera natural. Y, cuando la respiración se tranquiliza, la mente y el cuerpo también lo hacen.

  • Duda

Albergar dudas es natural. La duda inteligente -es decir, utilizar nuestra propia experiencia y nuestro mejor juicio para asegurarnos de que nos hallamos en la dirección correcta- es realmente útil para progresar en el sendero espiritual. Sin embargo, cuando la duda se apodera de la mente y nos impide practicar el Mindfulness, se convierte en un obstáculo. Una vez que se activa la duda, esta crece cada vez más. De nuevo, en primer lugar, tenemos que darnos cuenta de que la duda ha surgido y limitarnos a observarla hasta que desaparezca por sí sola. Superar los obstáculos supone una gran victoria. Se despeja el terreno, y las buenas cualidades -esfuerzo, mindfulness, concentración y sabiduría- pueden comenzar a crecer.

2. Los diez grilletes

Los dos grilletes son las raíces de los obstáculos. Estas raíces o tendencias mentales, emergen de forma directa del contacto directo de nuestros sentidos con los objetos sensoriales y la conciencia. Son la fuente de nuestra confusión, los hábitos profundamente arraigados en la mente no iluminada. Los grilletes se activan mediante el contacto entre los seis sentidos y los seis objetos sensoriales. El grillete no es el ojo, nos tampoco las formas visuales que el ojo percibe, sino que, más bien, los grilletes surgen como resultado de ambos y la conciencia.

  • La creencia en un yo permanente

Aparece como la creencia de que poseemos un yo o alma permanente que ha nacido en esta vida procedente de una vida anterior y que pasará a la siguiente vida. También se manifiesta como el sentimiento de que la persona que dijo o hizo algo ayer, o en el pasado, es la misma que está haciendo algo ahora.  La práctica de Mindfulness debilita este grillete cuando experimentamos con qué frecuencia, cambian nuestra respiración, cuerpo, postura, sensaciones, pensamientos y percepciones. Entonces empezamos a percibir que no existe un yo permanente, sino una colección de agregados que siempre están cambiando.                                                                                                                        

  • Duda escéptica

En su manifestación como obstáculo, la duda se centra en nuestra práctica de mindfulness. Dudamos de que llevemos a cabo correctamente la práctica o de que vaya a procurarnos buenos resultados. En cambio, como grillete, la duda siempre se refiere al yo. La duda sana es sana y positiva porque nos impulsa a aplicar nuestra inteligencia y experiencia para sopesar cuestiones importantes. Pero, cuando la duda nos paraliza y nos confunde, es dañina y debe ser abandonada.

  • Apego a los rituales

Si los rituales como ofrecer incienso y flores a una imagen del Buda se convierten en nuestra principal o única práctica, y si todo el mundo hace lo mismo, a la larga desaparecerán las enseñanzas del Buda referentes al mindfulness y solo quedarán los rituales.

  • Deseo sensual

Como obstáculo, el deseo de placer sensual puede ser suprimido temporalmente a través de la meditación de la concentración profunda. Pero, cuando finaliza nuestra meditación, retorna el deseo. Esto sucede porque el deseo de placer sensual es también un grillete que permanece en la mente. Como grillete, el deseo sensual nos atrapa en el ciclo del sufrimiento.

  • Odio

El odio es lo opuesto al placer sensorial. Si no podemos disfrutar de algún placer o si algo va en contra de nuestros deseos, entonces aparece el odio en nosotros. Por esta razón, la persona sabia se da cuenta de que amor y odio son dos caras de la misma moneda.

  • Deseo de existencia material sutil

Este deseo surge principalmente durante la meditación de concentración profunda. Debido a que experimentamos una profunda paz, anhelamos morar en ese estado incluso después de la muerte. Erróneamente, creemos que el renacimiento en un reino carente de sensaciones, percepción y consciencia nos garantizará la felicidad permanente.

  • Deseo de existencia inmaterial

Del mismo modo, podemos creer erróneamente que alcanzaremos la felicidad perpetua en un reino en el que solo exista la mente.

  • Engreimiento

Este grillete surge como la sensación sutil de ‘esto soy yo’, que nos hace enorgullecernos de nuestros logros. A veces las personas también se sienten orgullosas de sus logros espirituales. Pero, mientras alberguemos pensamientos de orgullo, incluso muy sutiles, nunca podremos alcanzar la completa iluminación.

  • Inquietud

Como grillete, la inquietud aparece de una manera muy sutil cuando estamos cerca de alcanzar la iluminación. Estamos tan cansados de todo que anhelamos dejar atrás el ciclo de la existencia y nos sentimos inquietos porque deseamos alcanzar la iluminación lo antes posible.

  • Ignorancia

Se basa, en esencia, en la no comprensión de las tres características de la existencia: insatisfacción (sufrimiento), impermanencia (transitoriedad) e impersonalidad (ausencia de un yo permanente),  en la no comprensión de la causalidad (origen dependiente y condicionado de todo lo que existe) y en no reconocer la causa del sufrimiento, su final y el camino que conduce a dicho final.

3. Las diez percepciones

Gracias a la práctica de Mindfulness, nos entrenamos para considerar con un cierto desapego las percepciones sensoriales y los sentimientos y pensamientos que surgen de ellas. El desapego respecto de nuestra manera ordinaria de percibir tiene lugar a lo largo de varias etapas. La clave radica en la transitoriedad. Trabajando con nuestra propia experiencia, cultivamos la conciencia de que todo está sometido a un continuo cambio: los seis sentidos, los seis objetos de los seis sentidos, el contacto, la conciencia y las sensaciones y pensamientos que surgen a consecuencia de ello. La práctica de Mindfulness nos permite reemplazar, con diez percepciones sumamente especiales, nuestra manera confusa de ver el mundo.

  • Percepción de la transitoriedad

Somos conscientes de la transitoriedad al experimentarla. No aprendemos de la transitoriedad a partir de los libros o de los maestros, sino simplemente prestando atención a los cambios que ocurren en nuestro cuerpo y mente.

  • Percepción de la ausencia del yo

Percibir la transitoriedad de nuestros propios agregados nos convence de que nada en nosotros es permanente. Nada en la vida me brinda una entidad permanente. Percibir esta verdad nos proporciona estabilidad emocional.

  • Percepción de las impurezas

Cuando meditamos en algunas partes del cuerpo, algunas de ellas son bastante repulsivas. Meditamos en estas partes impuras no para aborrecer nuestro cuerpo, sino más bien, porque aspiramos a percibir el cuerpo de manera más realista. El objetivo es la comprensión clara y la percepción equilibrada de la ecuanimidad. Así pues, debemos meditar en el cuerpo hasta que percibamos de manera diáfana cada una de sus partes. Luego aplicamos el mismo tipo de claridad para darnos cuenta de las sensaciones, pensamientos, percepciones y conciencia.

  • Percepción del peligro

Disfrutamos del placer, pero este a veces nos conduce a situaciones peligrosas. Abstenerse del placer no nos libera del peligro, pero la contención de los sentidos puede contribuir a disminuirlo un poco. La percepción del peligro no significa que debamos tener miedo de levantarnos de la cama por la mañana. Simplemente quiere decir que tenemos que prestar atención. Cuando algo sucede, no nos sentimos desolados, sino que llevamos a cabo de manera consciente nuestras actividades cotidianas.

  • Percepción del abandono

Abandonar es rendirse y deshacerse de cualquier cosa perjudicial o inútil. Abandono todo lo que me hace daño a mí o a otras personas. La percepción del abandono requiere esfuerzo. No basta simplemente con percibir lo que ocurre, sino que debemos mostrarnos productivos y cortar cada sentimiento o pensamiento erróneo en el momento en que nace, antes de que tenga la oportunidad de dar su fruto.

  • Percepción del desapego

El apego a las cosas provisionales causa sufrimiento. Lo opuesto al apego es el desapego. Conscientes de que todo lo que surge como resultado de causas y condiciones es transitorio, insatisfactorio y carente de yo, nos desapegamos de todo ello y abandonamos todas las concepciones al respecto. La percepción del desapego surge en estado de completa serenidad. Al alcanzar el desapego, adquirimos la visión profunda de la realidad, la cual nos libera del sufrimiento. El desapego no significa la renuncia a establecer vínculos con las personas o al hecho de no establecer compromisos e involucrarse en las distintas situaciones de tu vida, manteniéndose de ese modo al margen de todo. Significa ser capaz de vivir cada momento plenamente pero comprendiendo que cada instante, cada situación, cada relación, tiene un inicio, una duración y un final. Es decir, vivir la vida momento a momento, siendo consciente de la transitoriedad de todo lo que sucede, aceptando que por muy placentera o desagradable que sea una situación, no durará siempre.

  • Percepción de la cesación

Cesación significa ‘finalización’. Cuando obstáculos como el deseo, el odio y la ignorancia tocan a su fin como resultado de la meditación profunda, nos vemos temporalmente libres del sufrimiento. Percibimos este estado de cesación con calma y tranquilidad.

  • Percepción de la insatisfacción de todas las cosas

Por lo general hacemos todo lo posible para estar satisfechos con el mundo. A falta de esa satisfacción, el mundo nos parece horrible y absurdo. Pero, a la postre, gracias a la meditación profunda, uno percibe la impureza de los agregados, el peligro de los placeres sensuales y la paz y la tranquilidad derivadas del desapego. Libres de obstáculos, nos tornamos receptivos, alegres, confiados y dispuestos. Nos damos cuenta de que ‘todo lo que está sujeto a surgimiento está sujeto a cesación’.

  • Percepción de la transitoriedad de todos los pensamientos y concepciones

Cuando comprendemos que todos los pensamientos y concepciones son transitorios, insatisfactorios y carentes de yo, ya no deseamos solazarnos a ellos. La mente se enfoca en la completa liberación.

  • Percepción de la inhalación y la exhalación

Cuando respiramos con atención, vemos el surgimiento, la existencia y la desaparición de la forma de la respiración, o el cuerpo de la respiración, en el mismo momento que acaece. De igual manera, a medida que inhalamos y exhalamos, percibimos que sensación, percepción, pensamiento y conciencia, surgen, existen y desaparecen. Cuando la mente se compromete plenamente con esta ‘observación participativa’, no queda espacio en ella para apegarse a los agregados. Mediante el mindfulness de estas percepciones, nos damos cuenta finalmente de que el ojo, el objeto visualizado y la conciencia visual que surge como resultado del contacto, el sentimiento de deseo o de rechazo, y cualquier pensamiento, plan, fantasía y otras concepciones que aparezcan en la mente como resultado de esta percepción, se manifiestan debido a una combinación de causas y condiciones. Existen por un momento y luego desaparecen. Cuando percibimos las cosas como realmente son, el anhelo disminuye y encontramos la paz.

4. Los siete factores de la iluminación

Los factores de la iluminación son las cualidades que necesitamos para alcanzar el objetivo de nuestra práctica. A medida que se profundiza nuestra meditación y se aflojan los grilletes, surgen en nosotros estas siete cualidades positivas. Estos factores nos ayudan a vencer las fuerzas del engaño que perturban nuestra concentración y retardan nuestro progreso en el camino de la liberación.

  • Mindfulness/Atención plena

Para que el mindfulness se transforme en un factor que conduzca a la iluminación, tiene que ser fuerte, estar centrado y ser específico. Para que se convierta en un factor de iluminación, el mindfulness debe de tener un enfoque claro, como por ejemplo el cuerpo, las sensaciones, los pensamientos o los fenómenos. Después debemos de permanecer alerta y tener energía. Eso significa que nuestra meditación se caracteriza por el esfuerzo y el entusiasmo. En tercer lugar, debemos dejar de lado la ambición y las preocupaciones, es decir, tratamos de que nuestra concentración no se vea perturbada por la ambición de querer conseguir objetivos ni de los pensamientos referentes a nuestras preocupaciones cotidianas diarias. Por último, el mindfulness debe ser constante, es decir, tenemos que practicar el mindfulness todo el tiempo y no solo mientras meditamos formalmente. Deberíamos ponerlo en práctica durante todas nuestras actividades. El mindfulness solo se convierte en un factor de iluminación cuando estamos totalmente comprometidos en prestar atención en cada uno de nuestros momentos de vigilia. El mindfulness requiere un tipo específico de conciencia. En cada instante de mindfulness somos conscientes de la naturaleza cambiante de todo lo que sucede, reconociendo que nada de ello puede proporcionarnos felicidad permanente. Y, lo que es más importante, también entendemos que no existe un yo o un alma permanente que experimente todo eso.

  • Investigación/Discernimiento

El foco de nuestra investigación son los cinco agregados. El mindfulness indaga completamente en nuestra forma, percepciones, pensamientos y conciencia. Percibimos su naturaleza provisional e investigamos en todos aquellos con una atención plena poderosa. Pero, ¿de qué modo investigamos? Utilizamos la observación y la atención plena y no enjuiciadora en cada aspecto de nuestra vida y nuestras actividades, tanto cuando estamos sentados en nuestro cojín de meditación como fuera de él. Observamos atentamente nuestras acciones y actitudes cotidianas. Si constatamos que son sanas, exploramos el modo de mantenerlas y fortalecerlas. Si descubrimos que no son sanas, reflexionamos en lo que debemos hacer para cambiarlas. Nuestro trabajo consiste en asegurarnos de que entendemos los ‘cuatro fundamentos del mindfulness’ para aplicar dicha comprensión tanto a nuestra meditación como a nuestra vida. Utilizamos el mindfulness y la investigación inteligente para comprobar si lo que hacemos nos bloquea, o bien contribuye a seguir por el camino de la comprensión y la liberación. La actitud que adoptamos se denomina ‘compruébalo tú mismo’.

  • Energía

A medida que proseguimos nuestra investigación de los cinco agregados, lo que hacemos despierta cada vez más nuestro interés. Dicho interés genera la energía necesaria para invertir un esfuerzo cada vez más grande en mantener el rumbo. Experimentamos entusiasmo, junto con la determinación de no rendirnos jamás. Esta combinación es el factor de energía de la liberación. Cuando el mindfulness se combina con el factor de energía de la iluminación, somos cada vez más capaces de ejercer un esfuerzo hábil para evitar vernos atrapados en la codicia, el odio y el engaño. El esfuerzo hábil nos ayuda a discernir entre los pensamientos y sensaciones que debemos acoger y los que, por el contrario, debemos evitar.

  • Alegría

Cuando el factor de energía de la iluminación es poderoso, la alegría surge como uno de los factores de la meditación de concentración profunda. Las etapas de la meditación de concentración profunda nos conducen más allá de la conciencia ordinaria a una serie de estados profundamente pacíficos, armoniosos e intensos. A medida que progresamos a través de las sucesivas etapas de la concentración profunda, los obstáculos quedan en suspenso y se neutralizan los grilletes, haciendo que nuestra concentración sea cada vez más poderosa. Cuando el obstáculo de la aversión y el rechazo se ve superado, nuestra meditación se caracteriza por la alegría. Esta emoción relaja el cuerpo y la mente, generando un sentimiento de serenidad y paz. Cuando nuestra concentración se profundiza aún más, experimentamos cinco sentimientos de alegría progresivamente más intensos: alegría momentánea, alegría que se derrama, alegría que se eleva y alegría que todo lo penetra. Es importante tener en cuenta que la alegría que experimentamos en las etapas iniciales de los estados de concentración profunda no es equivalente a los placeres de la vida cotidiana. E incluso dentro de estos estados, la alegría que podemos considerar como uno de los siete factores de la liberación solo surge a consecuencia del desarrollo de tres factores previos: mindfulness, investigación y energía. El mindfulness combinado con la investigación, ilumina las áreas oscuras de la mente. Por su parte, la energía impulsa nuestro infatigable esfuerzo por percibir la realidad tal y como es, eliminando obstáculos adicionales para el logro de la iluminación. La alegría de la iluminación nunca se debilita o desvanece porque se deriva de la comprensión.

  • Tranquilidad

El factor tranquilidad aparece una vez que se desarrolla y perfecciona la alegría de la liberación. La tranquilidad es un estado mental en el que la mente y el cuerpo se encuentran serenos, relajados y en paz. No existe en nosotros ninguna parte que no se halle en un estado de quietud, tranquilidad y estabilidad. El deseo, el engaño y la aflicción desaparecen. Nos sentimos satisfechos, seguros y confiados. No tenemos ganas de mover el cuerpo. Tampoco sentimos sed, hambre, cansancio, aburrimiento o pereza. Todo es sereno y perfecto.

  • Concentración

Al haber un estado de alegría y tranquilidad, la concentración se torna notablemente más fuerte. Somos capaces de concentrarnos exclusivamente en la respiración, u otro objeto, durante periodos cada vez más prolongados. Esta capacidad mejorada para focalizarse, se llama ‘concentración de acceso’ y señala el límite entre la meditación ordinaria y los estados de concentración profunda. Cuando progresamos a través de las etapas de la concentración profunda, esta se vuelve en un factor de liberación. Utilizando la concentración como una herramienta poderosa, enfocamos la mente como un rayo láser en los cinco agregados. Nuestra concentración penetra en las tres características universales de todas las cosas condicionadas: la realidad del cambio constante, la naturaleza insatisfactoria de todo lo que existe y y la ausencia total de un yo o alma permanente. Estas características ya no son una teoría, sino que las reconocemos como verdades esenciales.

  • Ecuanimidad

La ecuanimidad es como el punto central de una balanza tradicional. En los estados de concentración profunda, utilizamos la ecuanimidad para afinar nuestro cultivo de los otros factores de liberación. La ecuanimidad que experimentamos en los estados de concentración profunda difiere del tipo que utilizamos durante la meditación mindfulness para equilibrar las sensaciones perjudiciales y las sensaciones beneficiosas. La ecuanimidad basada en los objetos sensoriales -formas, sonidos, olores, sabores y texturas- recibe el nombre de ‘ecuanimidad basada en la diversidad’, mientras que en los estados de concentración profunda, la ecuanimidad que surge como un factor de iluminación se denomina ‘ecuanimidad basada en la unidad’, puesto que se centra en un único objeto interno.

5. Las cuatro verdades

La primera verdad es el sufrimiento, la insatisfacción o infelicidad que inevitablemente sentimos en nuestra vida. El mensaje de esta primera verdad es que todos los seres experimentamos sufrimiento, si bien no todo el sufrimiento se origina en catástrofes de algún tipo, sino que la mayoría tiene un origen bastante ordinario. En esencia, sufrimos cada vez que encontramos algo o alguien desagradable o dañino, y cada vez que nos separamos de algo o alguien que nos resulta agradable o reconfortante. El mindfulness nos ayuda a reconocer que, detrás de todos estos tipos de sufrimiento, se halla el deseo o el aferramiento. A causa de que deseamos aferrarnos a las sensaciones placenteras y evitar las dolorosas, los inevitables altibajos de la vida nos hacen sentir deprimidos e infelices.

La segunda verdad es el origen o causa de dicho sufrimiento, nuestra propia mente indisciplinada y codiciosa. La conciencia del reconocimiento de que cuando no nos aferramos dejamos de sufrir es el mensaje de la segunda realidad.

La tercera verdad es la cesación, la realidad de que, eliminando el deseo y el anhelo, es posible poner fin a nuestro sufrimiento. Cuando renunciamos a n nuestra sed por los placeres sensuales, dejamos de sufrir yendo en pos de ellos. Cuando nuestra atención nos ayuda a reconocer que cada experiencia, por más deliciosa u horrible que sea, perdura solo unos instantes, cortocircuitamos este proceso. Entonces el sufrimiento cesa y permanecemos en paz, conociendo la realidad tal y como es: transitoria, insatisfactoria y carente de yo.

La cuarta verdad es el camino, los ocho pasos conscientes que debemos acometer para alcanzar esa meta.

6. Mindfulness del Óctuple Sendero

Cuando experimentamos el último de los siete factores -la mente equilibrada de la ecuanimidad-, percibimos claramente nuestro propio sufrimiento y dejamos de estar atrapados en nuestra historia. También vemos de qué modo causamos nuestro sufrimiento y entendemos que puede llegar a su final. Estas comprensiones son la base de nuestra práctica de los ocho pasos del sendero del Buda.

  • Comprensión hábil 

Vemos que cada acción que llevamos a cabo es una causa que conduce a un determinado efecto. Asumimos que nos corresponde a nosotros crear las causas de la vida satisfactoria que deseamos tener. Comprendemos las tres características de la existencia: insatisfacción (sufrimiento), impermanencia (transitoriedad) e impersonalidad (ausencia de un yo permanente), y en reconocemos la causa del sufrimiento, su final y el camino que conduce a dicho final.

  • Pensamiento hábil

Consiste en redirigir nuestros pensamientos en direcciones positivas y útiles. Cuando empezamos a entender de manera correcta nuestra existencia, nuestra mente fluye de manera natural hacia un pensamiento adecuado. Pensar en este sentido no solo se refiere al pensamiento, sino también a cualquier estado mental intencional. El pensamiento adecuado consiste en abandonar los pensamientos negativos (codicia, odio y crueldad) y reemplazarlos con pensamientos sanos como el amor benevolente, la compasión y la renuncia. Tales pensamientos funcionan como antídoto contra la obsesión y la preocupación y nos ayudan a tener acceso a un estado de bienestar y felicidad duradero.

  • Palabra hábil 

Consiste en ser honestos y decir la verdad y utilizar un lenguaje en el que evitamos las palabras hirientes o maliciosas y los chismes o las críticas.

  • Acción hábil

Consiste en llevar una vida ética. Evitamos cualquier acción física que pueda herir a otra persona y desarrollamos una actitud inofensiva deseando siempre el bienestar de otros seres vivos. Practicamos acciones éticas no porque haya temor a que alguien nos castigue, sino porque vemos que las consecuencias de dichas acciones conducen a una infelicidad profunda para nosotros y para todos los que nos rodean. Realizamos este tipo de acciones porque deseamos que nuestra vida sea útil y armoniosa y no destructiva y contenciosa, y porque queremos una mente calmada y feliz, sin rencores ni arrepentimientos.

  • Medio de vida hábil

Tiene que ver con elegir una profesión que sea coherente con nuestro camino hacia la liberación y que no nos cause daño a nosotros mismos ni a otros.

  • Esfuerzo hábil

Nos esforzamos para prevenir y superar los estados mentales negativos y para cultivar y mantener los estados positivos, pero lo hacemos en un proceso que consta de cuatro partes:

1. Con determinación y energía, hacemos lo que podemos para evitar que surjan estados mentales dolorosos e impuros, como resentimiento, envidia o avaricia.                                                                                                             

2. Permanecemos alerta y conscientes para superar cualquier estado no sano que haya tomado el control de nuestra mente.                                            

3. Reemplazamos esos estados por otros sanos, como pensamientos amorosos, ideas de generosidad o sentimientos compasivos.                                

4. Hacemos el esfuerzo para incrementar el cultivo de estados mentales sanos. Cuanto más hacemos ese tipo de esfuerzos, más clara y libre de dolor estará nuestra mente y más felicidad experimentamos como resultado natural.                                                      

  • Atención plena hábil

Significa percatarse momento a momento de todo lo que es. Este tipo de atención nos enseña a suspender temporalmente todos los conceptos, imágenes, juicios de valor, comentarios mentales, opiniones e interpretaciones. De este modo conseguimos tener una mente precisa, penetrante, equilibrada y clara. Es como un espejo que refleja sin distorsiones lo que hay delante de él. Significa entender con claridad cada movimiento individual físico y mental que hacemos a lo largo de cada hora que estamos despiertos. La atención plena nos da el tiempo necesario para evitar y superar patrones negativos de pensamiento y de conducta, así como cultivar y mantener patrones positivos. Nos desactiva el piloto automático y nos ayuda a tomar el control de nuestros pensamientos, palabras y acciones. La atención plena conduce al discernimiento, a la visión interna clara y sin distorsiones acerca de cómo son realmente las cosas. Por medio de la práctica regular, la atención plena nos enseña a ver el mundo y a nosotros con el ojo interno de la sabiduría, que es la corona del discernimiento. Abrir ese ojo de la sabiduría es el propósito verdadero de la atención plena, porque el discernimiento de la verdadera naturaleza de la realidad es el secreto último de la paz y la felicidad duraderas.

  • Concentración

Entrenamos nuestra mente para enfocarnos en un solo punto y poder alcanzar los estados de concentración profunda. Cuando la mente está serena, tranquila y concentrada, los impedimentos que bloquean nuestra felicidad no surgen; además, cuando nos sentamos a meditar, podemos concentrarnos conscientemente en los objetos mentales que surgen. La concentración nos ayuda a ver a través de la apariencia superficial de esos objetos para obtener una percepción clara de su temporalidad, de la insatisfacción que conllevan y de la falta de una identidad permanente y no cambiante. La concentración que forma parte de estos ocho pasos conscientes tiene tres características:

1. Siempre es sana: no toda la concentración es sana. La concentración sana es la que está motivada por buenos pensamientos, como la generosidad, el amor benevolente o la compasión. Sería impura si es motivada por estados impuros, como la codicia, la aversión o la crueldad.                                   

2. Llega a niveles muy profundos de agudeza.                                                                                                    

3. Incorpora el uso de la atención plena para desarrollar la sabiduría

Hay tres aspectos que se repiten en cada paso: comprensión, esfuerzo y atención plena. Son los puntos cardinales del camino.

Todos los pasos están entrelazados, pero ninguno funciona sin la aplicación intensa de la comprensión, el esfuerzo y la atención plena.

Muchas gracias por leerme y un abrazo grande y afectuoso,

Ismael

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